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Glantz:

La escritora opinó sobre el cambio de rector y habló sobre su nuevo libro, que recoge relatos de diversa índole sobre el rencor y la furia

Juan Solís
El Universal
Miércoles 17 de octubre de 2007

jsolis@eluniversal.com.mx

Para dirigir la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se requiere “alguien con generosidad y capacidad para enfrentarse a las políticas gubernamentales y a las de la universidad misma, a las de los estudiantes y a las de los profesores, y para eso se necesitan muchos matices de saña, pero de buena manera”.

Tal es el pensar de Margo Glantz, escritora y ensayista, maestra emérita de la UNAM y autora del libro Saña, un ejercicio narrativo integrado por pequeños textos de varia invención a los que amputó cualquier clase de sentimentalismo para dejar a la vista su “furor o enojo ciego”, palabras con las que el diccionario de la Real Academia Española define a dicho término.

La profesora universitaria sólo tiene un candidato en mente para la rectoría de la UNAM: Juan Ramón de la Fuente, pero ante la imposibilidad de que el actual rector repita su gestión, la escritora lo ve como presidente del país, un puesto difícil, pues “la política es saña”.

Rimbaud, Scarlatti, Bacon y una virgen menopáusica que quería dejar de serlo, Naomi Campbell, son algunos de los personajes que pueblan el libro, urdido en tres años.

En la actualidad, la ensayista prepara un libro de viajes y otro cuyo nombre es Dientes, en el que contará completa la historia de Bacon, que en Saña aparece fragmentada.

La de Rimbaud aparecerá en un tomo de ensayos que saldrá al mercado en noviembre.

Glantz reconoce que no escribió su libro con saña, sino con felicidad, aunque admite hay algo de saña en el hecho de trabajar el tema.

“Lo que no puedo manejar es una visión del mundo edulcorada y sentimental. Saña no es un libro de entretenimiento... lo he escrito a lo largo de mi vida.”

El Holocausto, la guerra, el arte, la vida dual de Rimbaud, el caos informático y hasta la moda —que tanto apasiona a la maestra—, todo lo que aborda el libro está impregnado de saña.

“Me fascina la moda —asegura Glantz. Me compro zapatos, me compro ropa. Estoy haciéndome collares. Cuando salgo de viaje, uno de mis placeres es salir de compras. Las mujeres han sido esclavas de la moda siempre. Hay textos que cuentan que, en las sinagogas, las mujeres, en el ejercicio religioso, están criticando cómo se visten las otras mujeres. Es algo cotidiano; sin embargo, nunca la moda ha sido tan terriblemente fundamental como en este tiempo.”

Como ejemplo Glantz plantea en su libro que Armani termina siendo un artista tan importante como Bacon o los pintores rusos.

Así lo constató en el Museo Guggenheim cuando prácticamente todas las salas estaban dedicadas al diseñador italiano y una pequeña, que casi nadie visitaba, mostraba cuadros de pintores considerados degenerados en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

“Armani dicta la moda y las mujeres estamos sujetas a cierta mirada que nos impone la moda. Si no estamos vestidas o peinadas de acuerdo con lo que la moda impone, dejamos de ser. La moda determina la mirada de cada época y se impone casi como tatuaje.”

Glantz no se olvida en el libro, editado por Era, que la moda “ha deformado el cuerpo femenino. La anorexia y la bulimia son resultado de la moda, también la obesidad. Cada día hay más obesos, pero comer comida chatarra es una imposición de la publicidad. La sociedad de consumo exige a la gente alterar su cuerpo para adaptarse al consumo. Más que sujetos, hombres y mujeres somos objetos de la moda”.

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