juan.solis@eluniversal.com.mxSobre la enmarañada textura de sonidos metálicos que surgían del clavecín, se acoplaban en perfecta armonía los agudos sonidos del violín y la flauta, la voz antigua de la tiorba y la singular tesitura de las violas da gamba, una de las cuales era ejecutada con maestría por Jordi Savall. Era la primera pieza de toda la noche, la Marcha para la ceremonia turca, de Jean-Baptiste Lully, y la orquesta Le concert des nations ya tenía en un puño al público universitario congregado en la Sala Nezahualcóyotl. El concierto de música antigua que la gélida noche del miércoles reunió a funcionarios, investigadores, maestros y alumnos, encabezados por el rector Juan Ramón de la Fuente, tenía una razón de peso: celebrar que el pasado 28 de junio la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad a Ciudad Universitaria. Un momento antes de iniciar el concierto, el músico, director e investigador catalán, Jordi Savall, ofreció un breve discurso en el que calificó a la UNAM como “una institución excepcional” con grandes aportes a las ciencias y las artes. Agregó que este “esfuerzo del pueblo de México” provocará que el país “esté al nivel más alto en el siglo XXI.” Entre el público asistente se encontraban funcionarios de la UNAM como Gustavo Rivero Weber, titular de la Dirección de Música; Gerardo Estrada, coordinador de Difusión Cultural; Hernán Lara Zavala, de la Dirección de Literatura, e Iván Trujillo, de la Filmoteca. Una selección de piezas ibéricas del siglo XVII constituyó la primera parte del recital, en la que destacó el Concierto a dos violas iguales, Tombeau Les regrets, de Sainte-Colombe, padre. Dicha pieza permitió constatar la maestría de Savall al ejecutar la viola da gamba, instrumento que tuvo su época dorada en el siglo XVI y en el que el catalán es considerado el mejor ejecutante, al lado de su maestro, el belga Wieland Kuijken. Savall también fue alumno de August Wenzinger, en la Schola Cantorum Basiliensis, en Suiza. Los seis músicos del ensamble ofrecieron en la segunda parte del recital obras de Marais, Couperin y Forqueray. Luego de una prolongada ovación, Le concert des nations regresó al escenario un par de ocasiones para ofrecer una danza y tres marchas para marinos, piezas breves que coronaron el concierto. |