ricardo.gomez@eluniversal.com.mx y andrea.merlos@eluniversal.com.mxA personajes de la historia mexicana como Francisco Villa le tomó cuatro años que su nombre estuviera inscrito en letras de oro en la Cámara de Diputados, a otros les costó décadas ver concretado ese honor. La comisión de Reglamentos y Prácticas Parlamentarias de San Lázaro, que no el pleno de la Cámara de Diputados, rechazó el mes pasado inscribir el nombre en ese muro del escritor mexicano Octavio Paz, y a pesar de la crítica en realidad el trámite no es nada fácil, tarda años y varios meses, en el mejor de los casos, y suele estar acompañado de debates, argumentaciones y rechazos, e incluso de “recomendaciones” presidenciales. Tan sólo al liberal, periodista y escritor Ricardo Flores Magón el camino le costó 37 años. La solicitud para que su nombre brillara en oro en el salón de plenos fue formulada por el Senado el 17 de octubre de 1963. La sesión solemne fue el 28 de abril del año 2000. El camino legislativo fue largo y tortuoso, como suelen ser las solicitudes, lleno de debates, argumentaciones, críticas a favor y en contra de uno de los ideólogos de la Revolución; el 21 de noviembre de 1972, el diputado Celso Delgado plasmó en su discurso la importancia de elevar el nombre de Flores Magón, en medio de aplausos. Ni así lo consiguió y tuvo que esperar 28 años para ello. El documento “El muro de honor”, generado por la Cámara de Diputados en su página de internet por los Servicios de Investigación y Análisis, incluye la lista de a quienes se les ha brindado esa distinción. El listado histórico incluye nada menos que al emperador Cuauhtémoc; la petición inicial para brillar en San Lázaro se hizo patente el 15 de diciembre de 1933, y se concretó 22 años después, hasta el 29 de diciembre de 1955. A los mismísimos Niños Héroes les tardaron más de 10 meses en aprobar su inscripción en oro. El nombre de Benito Juárez tuvo que esperar casi siete meses para que los legisladores le dieran la venia e inscribieran su nombre en dicho mural. La petición para el oaxaqueño (ejemplo de políticos actuales como Andrés Manuel López Obrador) se hizo en la VI Legislatura. El 17 de septiembre de 1872 fue recibida la petición de los entonces diputados Gabriel Mancera y Alfredo Chavero, y no fue hasta el 18 de abril de 1873 cuando la legislatura en el periodo de Reforma le dio su aval. Otros héroes de nuestra historia nacional como Emiliano Zapata y Venustiano Carranza, tardaron sólo dos meses en que los diputados aprobaran su aparición en tan ansiado mural. O como Lázaro Cárdenas que sólo tardó ocho días. Los diputados del sector campesino del PRI presentaron la iniciativa para Cárdenas el 19 de octubre de 1976, y en sólo ocho días se celebró la sesión solemne para inscribir su nombre en las paredes que rodean al recinto legislativo. Personajes de la Revolución tan emblemáticos como Josefa Ortiz de Domínguez o Leona Vicario no tuvieron suerte rápidamente a la intención de plasmar su nombre. Su proceso inició en diciembre de 1946 y la sesión solemne se celebró casi dos años más tarde. En ese caso la iniciativa vino en paquete: el diputado Nabor Ojeda presentó el 31 de diciembre de 1946 la petición para Ortiz de Domínguez, Vicario, y Mariana Rodríguez del Toro Lazarín y Antonia Nava. El 12 de septiembre de 1928, el diputado Gustavo Caballero propuso inscribir en letras de oro el nombre del general Álvaro Obregón. La solicitud se concretó hasta un año después, el 30 de diciembre de 1929 en sesión solemne. Lo que en estos días sería un escándalo político, por la relación de las esposas de los presidentes, en 1996 no fue tan problemático que el nombre de Margarita Maza de Juárez, esposa de Benito Juárez, tuviera un lugar en el muro de honor de San Lázaro, en un trámite que duró tan sólo cinco días, a petición del entonces presidente Ernesto Zedillo Ponce de León. Paradójicamente, a una de las mujeres más importantes de nuestra historia, sor Juana Inés de la Cruz, sobre quien Octavio Paz escribió y perfiló una parte importante de su obra, sólo le bastaron 16 días para llegar a lo alto de los muros de San Lázaro. A ver cuánto tiempo le lleva al Nobel de Literatura mexicano ocupar ese sitio. |